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Novela "Ven tal cual eres" de Gonzalo González M.: cuando muere el padre

El autor nos presenta personajes muy bien delineados, de rasgos únicos. El padre no es "papá", es Gastón. El escritor omnipresente, un conjunto de afectos y errores, de sabiduría y desparpajo, de alegría y tristeza.

Este último sentimiento enquistado en la relación con el hijo, tal vez su única debilidad. Gastón es complejo y atractivo, queremos ir sabiendo más de él. Y esa es la labor de Gabriel, el hijo. Quien, a través de recuerdos y vivencias del presente, luego de la muerte del padre, va armando la historia que da vida a ambos.

Debo reconocer que se encendieron ciertas alarmas al enfrentar las primeras líneas de esta novela breve: «Cuando recibí la llamada informándome de la muerte de mi padre, me encontraba en casa”.

Llevamos un buen tiempo encontrándonos con libros que abordan el tema de la relación con el padre. En su mayoría son novelas cortas, algunas fragmentarias y muchas de estas tienen un airecillo de problema irresoluto, de terapia llevada a la escritura.

No digo que el tema no se pueda tratar, es universal y hay casos excepcionales como el de Richard Ford en Incendios y en alguno de los cuentos de Rock Springs. El otro problema que encontramos en alguno de estos libros, es que no todos los padres e hijos son interesantes, no todas las relaciones entre ellos valen la pena per se. Depende de los personajes, depende del padre, del hijo y la pericia del autor.

Es ahí, en estos puntos claves, donde González demoró pocas páginas en borrar mis aprensiones. El autor nos presenta personajes muy bien delineados, de rasgos únicos. El padre no es “papá”, es Gastón. El escritor omnipresente, un conjunto de afectos y errores, de sabiduría y desparpajo, de alegría y tristeza. Este último sentimiento enquistado en la relación con el hijo, tal vez su única debilidad. Gastón es complejo y atractivo, queremos ir sabiendo más de él. Y esa es la labor de Gabriel, el hijo. Quien, a través de recuerdos y vivencias del presente, luego de la muerte del padre, va armando la historia que da vida a ambos.

A través de este duelo, vivido y pensado, somos testigos de un proceso emocional, donde la imagen de los personajes va adquiriendo nitidez. Las piezas, dispersas en un principio, comienzan a acomodarse con delicadeza, produciendo en el lector ese placer que se siente cuando visualizamos de a poco y con realismo la aparición total de los personajes. Y no vasta con ellos dos, González construye secundarios claves en la creación del gran cuadro, que en realidad es pequeño. Loreto, la mujer del padre, es un catalizador del encuentro entre los dos.

Un encuentro que ya no es físico y lo hace impulsada por el amor, lo hace con ternura. Andrés, el editor de Gastón, también es parte de esta suma de pinceladas que van puliendo con sutileza una novela profundamente humana en los detalles que entrega cada uno de ellos con su aparición. También está la madre, origen de la distancia entre padre e hijo, fruto del odio de ella hacia él. Distancia que se transforma en duda mientras se va haciendo adolescente y la imagen del padre ya no calza con la figura creada por ella en la niñez de Gabriel.

«Tal vez estoy haciéndolo todo mal, tal vez sea absurda esta pretensión de escribir sobre mi padre recordando hechos. ¿Pero de qué otra manera puede uno acceder a otro ser humano si no es desde lo objetivo?»

¿Cuál es esa historia? Se pregunta el protagonista. «¿La del hombre malo, egoísta, que abandonó a su mujer y a su hijo cuando más lo necesitaban? ¿O la del hombre noble y generoso que veo en los ojos de Loreto?»

Las respuestas se desprenden de los recuerdos, se desprenden imágenes, hechos y conversaciones entrelazadas con el presente y la cotidianidad de Gabriel:

«Él me dijo alguna vez que un ser humano es como un vector con infinitas dimensiones»

La respuesta puede ser: Es tan solo un hombre. Y esa indagación, donde aflora el enojo, la compasión y la culpa va iluminando de forma única esta vieja historia. Una memoria afectiva en cuyo progreso vemos la humanización de Gastón y de Gabriel, quién comienza a desprenderse del papel de víctima, frente al domino o la autoridad, y profundiza en los verdaderos sentimientos que comparten dos seres humanos en sus papeles de padre e hijo.

Y el lector se entrega, deja que las piezas de esta ficción terminen de calzar con naturalidad bajo el murmullo de la canción de Nirvana a la que le debe el título la novela.

«Ven tal cual eres, como eras
Como quiero que seas
Como amigo, como amigo
Como un viejo enemigo



Tómate tu tiempo, date prisa
La elección es tuya, no llegues tarde
Tómate un descanso como amigo
Como un viejo recuerdo, sí.»

 

Ficha técnica

"Ven Tal cual eres"

Gonzalo González M.

Noche Unánime Editores

92 páginas

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