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Música para las masas: el desembarco del jazz en Chile

El libro Valparaíso y los albores del jazz 1920-1940 de Pablo Cabello Kanisius, revela cómo hace un siglo la primera manifestación musical hegemónica de Estados Unidos se tomó el puerto, para convertirse en sinónimo de pop antes del pop.

Hace poco más de un siglo, una tormenta perfecta enfiló rumbo al puerto principal. En 1914, el tajo del canal de Panamá que conectó los océanos Atlántico y Pacífico, rebajó a Valparaíso. La parada en el primer terminal de Chile dejaba de ser obligatoria, y el flujo de naves decayó en una urbe acostumbrada a degustar novedades y acoger extranjeros, antes que el resto del país. Con el fin de la I Guerra Mundial y el auge del salitre sintético, el desempleo arreció con miles de obreros regresando desde el norte, mientras las grandes fortunas comenzaron a emigrar. En esta cuna de ricos y especuladores financieros rodeados por una masa pobre y embrutecida habitante de los cerros, surgió una nueva casta de profesionales y burgueses matizando esa radical división entre privilegiados y miserables, dando vida a una nueva clase de convivencia urbana marcada por la bohemia.

Hacia 1930 Valparaíso busca alternativas ante las industrias que hacían maletas y la progresiva mecanización del puerto que prescinde de mano de obra, para tantear una reconversión turística en tándem con Viña del Mar. La alianza requiere hoteles, teatros, pistas de baile, recintos de espectáculos y números artísticos, marcando un quiebre con los salones elitistas forjados en el siglo XIX, dominados por la música de cámara y el arte timbrado en Europa.

La I Guerra Mundial arrojaba un claro vencedor en Estados Unidos, en tanto la hegemonía económica de la nación norteamericana se ramificaba en expresiones artísticas de inusitada popularidad. El flamante cine de Hollywood encarnaba sueños y emociones, acompañado de una nueva forma musical moderna y rupturista, la urgencia urbana convertida en ritmo y melodía que dejaba en jaque cualquier género previo: el jazz.

El libro Valparaíso y los albores del jazz en Chile 1920-1940 de Pablo Cabello Kanisius (29), publicado por Ediciones Universitarias de Valparaíso, aborda el desembarco y desarrollo en el puerto de esta primera música para las masas, su colisión con el establishment, y un proceso de adaptación que germinó en una potente escena artística y cultural que empleaba numerosos contingentes de profesionales en grandes orquestas, ambiente en el cual pululaban artistas, intelectuales y gentes distintas en constante retroalimentación.

Los estudios de magíster en historia con mención en historia del arte y la cultura de Pablo Cabello Kanisius, derivaron en esta investigación que originalmente pretendía abarcar hasta nuestros días. Sin embargo, la abundancia de información entre los años 20 y 40, dada la intensa actividad que despertó el jazz al arribar al puerto vía comercio marítimo, y por los músicos locales que se aventuraron a viajar, aprender y regresar, concentró la investigación en ese ciclo.

-Reconstruyes un Valparaíso de hace un siglo de características steampunk que comienza a perder su sitial. Y llega el jazz.

El historiador Eduardo Cavieres dice que el ciclo económicamente activo del puerto va de 1860 hasta 1914 con la apertura del canal de Panamá, ese periodo esplendoroso que los porteños siempre esperamos que algún día vuelva. Pero en los años 20 la ciudad aún era cosmopolita, una cultura particular abierta, y todo se cae en 10 años. El motor de la ciudad, la fuerza propositiva, se transporta desde la economía al ámbito de la cultura, y en particular a la bohemia. Siempre se habla de los años 50, 60, la época de las boites del barrio Puerto, La Cuadra, pero es en este periodo que se empieza a gestar todo eso. Había un mundo de literatos y pintores que responden a otras características. Ya no son los salones de arte del siglo XIX, ni tampoco espectáculos de opereta y zarzuela, sino artistas interesados en la vanguardia, en el modernismo musical, etc. Es un nuevo espíritu asociado también a los adelantos tecnológicos, la modernización, ascensores, tranvías, la ampliación del puerto. Hay todo un imaginario moderno que se condice con este jazz, una música que en sus inicios fue vista como acelerada, que representaba el espíritu de estos jóvenes bohemios.

-Resulta llamativo que las orquestas que comienzan a desarrollar el jazz tanto en Valparaíso como Viña del Mar y los alrededores, no solamente ejecutaban jazz, sino otras vertientes acomodándose a las demandas del público, incluyendo cuecas y tango.

Hay una nueva configuración en términos de la relación artista oyente, que tiene que ver también con la cultura de masas y la sociedad de masas. Al haber un público objetivo al que se quiere acceder, porque esto también tiene que ver con el capitalismo también, con el disco, con la producción, vender. Por eso el jazz es un símbolo estadounidense de hegemonía mundial. En esa tecla los músicos tocaban lo que el público exigía y el público quería escuchar todo eso, un poco mezclado, sobre todo en una ciudad como Valparaíso que siempre ha tenido esa tolerancia. Es una característica de la historia musical de acá, un enclave diría Laura Jordán, esa mezcla, ese cultivo amplio de distintos géneros. Como tú dices, claro, no era extraño que una orquesta que tenía aspiraciones de ser norteamericana tocase tangos, cuecas, machicha, que eran sobre todo ritmos de baile. Es una época de muchos bailes, de lugares de entretención nocturnas donde todo tenía que ver con el cuerpo.

-Es notable que la introducción del jazz desencadena una economía que se gesta en torno a un género musical dando trabajo a numerosos músicos, generando una actividad nocturna, donde se mezclan públicos de diversos estratos, incluyendo el hampa. Surgen disquerías y hasta una incipiente piratería de esta nueva música. Es muy interesante ese mapa que traza el libro.

Yo trabajo del punto de vista historiográfico, no soy musicólogo, no estoy analizando partituras, pero, claro, tiene que ver con todo ese mundo cultural que se arma en torno al arribo de este nuevo estilo. Por eso es tan interesante desde la perspectiva de la historia cultural, de los estudios latinoamericanos, el momento en que nuestro continente se encuentra con esta nueva forma. Porque implicó una gran discusión política respecto de la nación, la identidad, el patrimonio. Mucha gente se preguntaba qué iba ocurrir con la música autóctona, la tonada, la cueca, ‘ahora somos negros’. Por otro lado, los vanguardistas exaltaban diciendo que en la negritud estaba el espíritu, el origen del arte; otros lo veían como una representación de lo moderno. Por eso en el libro es importante hablar de los lugares, porque se instalan en Valparaíso en poco tiempo muchas disquerías, y los lugares tenían que estar preparados para recibir a este público exigente y los músicos que tenían ganas de tocar distintas cosas.

Lo de la piratería me lo contó un coleccionista de discos de Concepción. Él tenía la capacidad de identificar cómo se hacían estos derretimientos de shellac. Eso es super decidor, porque dentro del seguimiento a lo que había, a lo que se comercializaba en los catálogos de grabaciones, tampoco había mucho jazz. A Chile llegaban orquestas de jazz más melódico, que no era el hot jazz de los años 20 más asociado a improvisaciones. Entonces, por eso la importancia de la literatura en ese diálogo, porque no sé si recuerdas esos pasajes de Armando Méndez Carrasco, que en 1925 recibe discos de jazz en el cerro El Litre que le trae un marinero. Por ahí van entrando esos sonidos desde la piratería, y todo eso.

-Hablemos de Pablo Garrido, un extraordinario personaje central en tu investigación como pionero del jazz, una especie de talento renacentista. Un gay que es artista, crítico musical, creador de orquestas, investigador y activista, muerto en la miseria.

Se le dedica un capítulo porque realmente es un personaje mítico, increíble todos los ámbitos que abarcó. Es un referente que implica además lucha social y temas de género, porteño por lo demás. Bueno, Garrido lo encontré porque es reconocido como fundador de la primera orquesta de jazz en Chile en 1924, en Valparaíso. Nacido en 1905, del cerro Alegre, en 1913 tiene un accidente con un tranvía en la Plaza Aduana que le troncha una pierna. Cuando murió en 1982 en muy malas condiciones, dejó todos sus documentos, sus fotos, sus libros, sus archivos de prensa, un tipo muy meticuloso en eso, y lo donó a la Universidad de Chile Actualmente hay un fondo Pablo Garrido donde hay documentos de todo tipo, partituras, fotos, recortes de diarios, piezas, la principal fuente con la que yo hice el libro. Saqué un montón de información, y si no información directa, pistas sobre otras cosas. Como que él mismo mandó una carta. ‘Aquí está todo, porfa estudialo’. Afortunadamente está siendo estudiado. Entre otras cosas, Pablo lidera el sindicato de músicos profesionales de Valparaíso, creado en 1934. La crisis del ‘29 dejó a muchos músicos sin trabajo.  Entonces, cuando se comienza a retomar la economía, los músicos exigen que se les hagan contratos. Exigencias de sueldo, arman su petitorio. Fue también un vanguardista. A muy corta edad, con 19 años, organiza un concierto de música futurista. Su primer escrito de prensa es sobre Wagner cuando tenía 17 años. Estaba interesado en la música modernista brasileña, estaba mirando a Europa, que se yo, miles de cosas. Después de hacer esto, que no es menor, entre el jazz y trabajar en prensa, se va a viajar por el altiplano, luego continúa y llega hasta Puerto Rico estudiando escenas locales. En los años 30 se mete en el tema sindical, luego funda el club de jazz de Santiago, es director de la orquesta del casino de Viña del Mar. Por ahí comienza aparecer su relación con el violinista Pedro D’Andurain, su pareja por mucho tiempo.

-¿Qué sucedió con él?

En dictadura se vio perjudicado en su actividad, pese a que la dictadura destacó un escrito suyo sobre la cueca. Dentro de la política de exaltación nacional de la cueca, la dictadura lo utiliza. Pero Garrido había trabajado en la Unidad Popular y era un tipo asociado a la izquierda. Y se había ganado muchos enemigos en los años 40 por estudios donde plantea que la cueca tenía origen africano. Para los puristas eso fue como un ají. La dictadura le prometió una pensión de gracia por su aporte como figura de la cultura durante el siglo XX, pero nunca se la dieron. Hasta los años 70 fue profesor de la Universidad de Chile pero ya estaba en muy malas condiciones de salud y de dinero. Lo que tuvo lo invirtió en viajes y estudios, en financiar sus propios placeres. Una de las personas que lo ayudó mucho en sus últimos años fue Margot Loyola. Le llevaba comida, lo iba a ver. Ella misma dice que estaba en una casa muy abandonada, rodeado de papeles, muy mal en sus últimos años.

-Me recordó a otro porteño extraordinario de suerte trágica como Joaquín Edwards Bello.

Hace falta una biografía. Seguir a Garrido es seguir un poco la historia cultural chilena. Desde las vanguardias, pasando por todo estos debates de la música nacional, de las músicas populares, hasta lo que significó la dictadura. Es un panorama general dentro de su vida.

-En el libro señalas que cuando el jazz se empieza a asentar en Valparaíso, es resistido ¿Lo acepta el establishment porteño finalmente?

Con el paso del tiempo el jazz se fue adaptando a las condiciones chilenas. Esas grabaciones de los años 30 como En Mejillones yo tuve un amor, ayudaron a que quedara en el imaginario popular, y luego lo que significó Roberto Parra. No sé si el jazz compite, por ejemplo, con el bolero, el vals, la cueca, o el tango. Pero creo que representa mucho lo que fue la ciudad. Representa esta dualidad entre una modernidad no bien resuelta, esta dicotomía entre los pobres de los cerros, y la modernidad, la velocidad del Plan. Por eso se sigue practicando también. En Valparaíso hoy existen muchos músicos que no figuran como parte del patrimonio, de la identidad de la ciudad, como sucede con los músicos del bolero, del vals, el mundo de las quintas, pero que siguen teniendo algo que decir respecto de la ciudad, o algo que representar dentro de la ciudad, el trabajo de Antonio Monasterio por ejemplo. Es una música que ha cambiado mucho en el tiempo y se filtra por distintas partes. Lo mismo que significa Roberto Parra, el jazz francés, la llegada de un disco de jazz a alguien del cerro hace cien años. Injustamente ha sido asociado a hábitos como intelectuales o muy puristas, pero nunca estuvo totalmente alejado del mundo popular.

 

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