1. Home
  2. >
  3. General
  4. >
  5. El sótano del perro vagabundo

El sótano del perro vagabundo

Reseña por Roberto López (@robert_lupus)

Hablar de literatura rusa a principios del siglo XIX semejaba una rareza o ironía. Occidente no veía allí más que infinitas estepas salpicadas de nieve y campesinos analfabetos. De tal agreste anonimato fue que un día brotaron los nombres de Pushkin, Gógol, Tolstói y Dostoievski: parecía un milagro... La generación posterior, “La Edad de Plata" de la poesía rusa, es un espléndido verdor atrapado entre dos aterradoras potencias: a sus espaldas, un mundo heróico; al frente, la Gran Guerra y la Revolución: juventud entre el panteón y la masacre. Fue en los fragores de la medianoche petersburguesa que, a principios de siglo, esta lustrosa constelación de artistas rezumaba versos en un exquisito tugurio: “El sótano del perro vagabundo". Este libro constituye una serie de crónicas de este ramillete de novelistas y poetas, bohemios y celebrantes, cuya revolución, antes que de las barricadas, salió furiosa tras la conquista de la poesía. Aparecen vívidas las figuras de Ajmatova, Blok, Esenin y Bulgakov, entre amistades y destellos de genialidad, tan adyacentes a la tragedia de su tiempo. En esto se advierte un contrapunto esencial: todas estas semblanzas están transidas de una sombría nostalgia, a pesar del dulce revestimiento de la anécdota y el candor del recuerdo. No hay destino donde no silben las balas, la huída de pasos o el eco del patíbulo (Mandelstam y Bábel podrían hablar de las “cortesías" de los esbirros de Stalin). Los programas socialistas, con su insulsa maquinaria cultural, no impidieron el surgimiento de poéticas inovadoras; así el caso de Jlebnikov y Mayakovsky (el texto acerca de Esenin de este último es un despliegue magistral: una estética de la creación poética). El imperativo de la generación fue exprimir la lengua en directo vínculo con el crudo y doloroso presente. Mientras el terror amenazaba desde el discurso oficial –su gris sabotaje sobre el significado, propio de toda ideología–, la libertad arriesgaba su sangre sobre páginas en que cabían la vida y la muerte. El "sótano" devino en calabozo, en exilio: la patria, la única real, fue la lengua. Y este, después de la tortura y el baño de sangre, es el único y gran milagro.

Compartir

Comentarios