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Muestra y libro reviven a Álvaro Guevara, olvidado pintor y púgil chileno.

La historiadora Amalia Cross desentraña la historia del artista y boxeador que hizo carrera en Londres, fue detenido por la Gestapo y vivió un año en la Araucanía.

“Un amigo estaba leyendo Confieso que he vivido, las memorias de Neruda y me preguntó: ‘¿Sabes algo de este pintor Álvaro Guevara que aparece mencionado aquí?’ No tenía idea y la verdad es que me demoré siete años en averiguarlo”. Así recuerda la historiadora del arte Amalia Cross el origen de su investigación sobre la vida de este personaje olvidado por la historia del arte chileno y que protagoniza el libro Álvaro Guevara, la tela, el papel y el cuadrilátero (Mundana Ediciones), donde explora detalles de su vida,  como su exitosa carrera de retratista y boxeador en Londres; su matrimonio con la pintora Meraud Guinness, miembro de la adinera familia de origen irlandés y las dos visitas que hizo a Chile: una entre 1923 y1926, que dedicó para internarse en la Araucanía, fascinado por las tradiciones mapuche y la segunda, en 1945, tras haber sido liberado por la Gestapo en Francia.

A su vez, Amalia Cross es también curadora de la muestra Palo de brujos en el MAC. En ella profundiza específicamente en la visita que Guevara hizo a Chile a mediados de los años 20, cuando se internó en la Araucanía para retratar tanto el paisaje sureño como las tradiciones mapuche, con las que inició una nueva etapa en su pintura. La exposición exhibe la única tela que es parte de la colección del MAC, un paisaje con dos araucarias germinando y se complementa con fotos actuales de los territorios recorridos por el pintor, tomados por Ignacio Acosta, sobrino nieto de Guevara; y de una serie de 12 láminas del herbario del Museo de Historia Natural.

“Casi no hay obras suyas en Chile, el Museo de Bellas Artes tiene otro par de paisajes, pero el resto se perdió y la mayoría se encuentra en Europa, entre familiares e instituciones”, dice Amalia Cross, quien trabajó con archivos y museos en Chile, Francia, EEUU e Inglaterra, donde además logró encontrar a su única hija, quien falleció a fines de 2018. “Pude conocer la colección familiar al igual que la de instituciones como el Museo de Arte de Manchester y la Tate Gallery, colección donde Guevara fue el latinoamericano más joven en ingresar”, agrega la curadora.

El artista pasó por varias etapas en su pintura. En la  primera se notan las influencias de Cézanne y Matisse, a través de escenas de teatro y de nadadores, tópicos  que marcan la modernidad de la Inglaterra de principios de siglo XX; la segunda es cuando adquiere fama de retratista, pinta a sus amantes y amigas intelectuales como la escritora y activista política Nancy Cunard o la poeta Edith Sitwell, cuyo retrato está en la colección de la Tate, y la tercera, son los paisajes chilenos que llenan una sala completa en Londres, todos con nombres araucanos. “Es un giro etnográfico que me parece alucinante. Es muy de avanzada entender las culturas originarias más allá que en términos formales no sea tan transgresor”, dice Cross. 

Tras probar alucinógenos entra a una cuarta etapa: la surrealista. “Vuelve a Europa y realiza 25 cuadros de flores imaginarias con formas de moluscos, reptiles de colores tornasolados que se expusieron en una galería surrealista y que fueron alabadas por el propio Rene Cravel”, cuenta la curadora, que exhibe en el MAC fotos y catálogo de esa muestra.

Alvaro Guevara. La tela, el papel y el cuadrilátero. Amalia Cross. Mundana, 2019. $ 12.000.

Más allá de la pintura

“Guevara se dedicó a una multiplicidad de cosas. Fue un eximio nadador y un boxeador con fama en Inglaterra y que en Chile ganó un cinturón de oro en Viña del Mar contra Zózimo López. Tras volver a Europa en los años 50 abandona por completo la pintura y se pone a escribir obras de teatro, también trabajó como decorador de interiores, siempre pensó en que las prácticas artísticas fueran más abiertas”, cuenta Amalia Cross.

De sus escritos no queda ninguna obra de teatro. Sobrevivió un poema que publicó la editorial de Nancy Cunard y el “diccionario intuitivo” que llegó hasta la H, con sólo 66 palabras, inacabado por su muerte en 1951.

Otro episodio particular de su vida fue el arresto que sufrió por parte de la Gestapo, en septiembre de 1941 en Francia, junto a otros chilenos. “Lo acusaron de ayudar a los ataques aliados escondiendo a aviadores en su taller. El y los otros chilenos fueron rescatador por el escritor y diplomático Salvador Reyes, quien gestionó un intercambio por nazis en el sur de Chile”, asegura Cross.

La diplomacia lo hace volver al país, pero no por mucho tiempo. Guevara mueve todos sus hilos y logra retornar a Europa como agregado cultural en Berna (Suiza). Más tarde se radicaría en Aix-en-Provence, al sur de Francia, donde un cáncer le quitaría la vida.

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